Mensaje de Esperanza y Fe
La historia de Clara y la tormenta
Clara es una joven, que vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas. Desde pequeña, Clara había sido enseñada a seguir la fe cristiana. Su familia siempre confiaba en Jesús, y cada domingo, todos se reunían para orar y agradecer.
Sin embargo, con el tiempo, las cosas en la vida de Clara comenzaron a complicarse.
Un día, mientras caminaba por el bosque cerca de su casa, Clara sintió una fuerte tormenta acercándose. El viento soplaba con fuerza, y las nubes cubrían el cielo de una manera amenazante. A pesar de tener miedo, Clara decidió seguir caminando, sin saber muy bien por qué. Al caminar por el sendero, encontró a un anciano sentado bajo un árbol, aparentemente esperando la tormenta.
"¿Por qué no te has refugiado?", le preguntó Clara.
"Porque a veces, las tormentas no solo nos enseñan a refugiarnos, sino a encontrar la paz dentro de nosotros, aunque el mundo exterior sea turbulento", respondió el anciano con una sonrisa.
Clara, confundida, se sentó junto al anciano. "He estado perdiendo la fe", dijo. "Todo lo que me rodea parece ir mal. Oré mucho, pero nada ha cambiado."
El anciano asintió, como si ya supiera lo que Clara estaba viviendo. "La fe no es solo algo que se prueba cuando todo va bien. La fe verdadera se prueba cuando enfrentamos las tormentas. A veces, las respuestas de Jesús no son inmediatas, pero Él nunca nos deja solos. La tormenta puede durar, pero al final, siempre habrá un cielo despejado. La fe es creer en Él incluso cuando no entendemos el porqué de las pruebas."
Clara miró al cielo, y vio cómo la tormenta, aunque feroz, comenzaba a calmarse poco a poco. El anciano se levantó y le dijo: "El sol vuelve a brillar después de cada tormenta, pero el sol siempre estuvo ahí, solo que las nubes lo cubrían. Así es con Jesús. Él está siempre con nosotros, incluso en los momentos en que no lo vemos."
Clara comprendió que la fe no se trataba de obtener respuestas inmediatas a sus problemas, sino de confiar en que Jesús estaba con ella, incluso en las pruebas. A partir de ese día, aunque la vida no mejoró de inmediato, Clara aprendió a encontrar la paz en medio de la tormenta, sabiendo que su fe en Jesús nunca sería en vano.
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